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¿Se pueden sustituir los empastes negros de amalgama por blancos?

OLYMPUS DIGITAL CAMERALos antiguos empastes metálicos, cada vez menos usados, son compuestos de amalgama de plata (mezcla de varios metales, plata y mercurio), por lo que además de los posibles problemas de toxicidad son menos estéticos. Por eso, en este post analizaremos si es posible sustituir los empastes negros de amalgama por blancos, y si existe algún riesgo.

De entrada, los dentistas aconsejan que si el empaste no presenta ningún problema (rotura, sensibilidad…), lo mejor es no tocarlo, ya que se trataría de un mero capricho basado en la estética.

Sin embargo, existen otras circunstancias que pueden variar este criterio, como las restauraciones deterioradas, los empastes negros que resultan demasiado visibles o el hidrargirismo, un trastorno patológico provocado por la intoxicación aguda o crónica producida por el mercurio. Pero no debemos ser alarmistas. Si el paciente está preocupado por un inusual nivel de mercurio en sangre, lo mejor es retirar el empaste, aunque sólo sea por tranquilizarlo. El problema es que levantar las amalgamas puede desencadenar una ingesta del mercurio que se desprende en una dosis muy superior a la que aportarían años de desgaste espontáneo.

Una vez tomada la decisión de sustituir un empaste por otro, el procedimiento es sencillo: se elimina el de amalgama, se limpia la cavidad y se obtura de nuevo con composite. El problema puede surgir al retirar el empaste antiguo, ya que en muchas ocasiones el dentista encuentra una caries debajo. Estas caries deben ser eliminadas, por lo que la cavidad resultante suele ser algo mayor y más profunda que la anterior, quedando el nervio más cercano a la superficie. Esto puede suponer la aparición de sensibilidad a estímulos térmicos tras el empaste nuevo, aunque lo habitual es que desaparezca a los pocos días.

Hasta ahora se pensaba que los empastes de amalgama eran más duraderos, pero este argumento ya no sirve. De hecho, aunque es cierto que hay amalgamas que han durado 30 años, también hay composites que han alcanzado, en dientes posteriores, el cuarto de siglo. Los expertos aseguran que la diferencia entre la durabilidad de uno y otro tratamiento radica en su ejecución, ya que un empaste de amalgama mal realizado aguanta mejor los errores y puede durar años, mientras que un mal composite se cae en quince días. Si el tratamiento se aplica correctamente, ambos son duraderos y efectivos.

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